Marcela Arza

En el hueco

A Bandini lo adopté hace un mes. Con Chinaski vivimos juntos hace seis años. Desde ese día, el Chino duerme afuera y Bandini encima mío chupeteándome como mamadera. No duermen juntos, pero juegan y sobre todo de noche con gritos, corridas y drama. Hace un mes que duermo poco porque tiraron la maceta del patio, porque tiraron una bola de cristal que tenía de decoración y porque los juegos se me confunden en feroz pelea. 

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Marcela Inda

Él

Él

Me pasó una cosa de lo más extraña. 

Caminaba por un sendero hermoso, como todos por acá, y la mirada periférica vio algo que se salía del espectro. Algo pequeño, pero diferente. Me detuve, me acerqué, me agaché. Era un caracolito diminuto, mejor dicho, sólo su caparazón. Así rayadito, con círculos concéntricos que iban del marrón al amarillo brillante. Parecía olvidado hace siglos, como un último recuerdo de cuando, hace millones de años, el mar pasó por acá. Bello. Una pequeña perla en el camino, que llevé en la mano un rato, y guardé en el bolsillo un rato más tarde, como quien se lleva de recuerdo una piedrita de por ahí. 

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Victoria Sarchi

Cristal

Lo sostengo fuerte entre los dedos para que no se rompa, es cristal, me dijo. Haciendo especial acento con la mirada a la palabra cristal, casi que tratándome de tonta. Me dio tanta bronca que agrandara así sus ojos que le saqué el joyero de las manos con rabia y debo confesar que fue peligroso. Fue un peligro el movimiento. Mi tía quiso insultarme pero se mordió la lengua, tan fuerte se mordió que apenas pudo decir: bueno. Dijo algo más parecido a: dueno. Creo que temía que si seguía hablándome de esa forma instructiva le estrellara su reliquia contra alguna pared de su amplio y extendido living de su piso con vista a la Avenida del Libertador.

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Marcela Arza

Miedo. Volumen 1.

¿Cuál es tu mayor miedo?, era la quinta pregunta del test de personalidad de la Cosmopolitan.  Las opciones eran: la muerte propia, la muerte ajena, la oscuridad, los fantasmas y los insectos. Cinco opciones donde hay que elegir una y poder completar las diez preguntas del cuestionario y así saber qué clase de personalidad tenes. Con el resultado, al final de la página, te dan tips, para obtener nuevas y mejores metas de vida. Para ser feliz, para tener una vida feliz. 

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Marcela Inda

Será la primavera

Estaba “des-ejercitada”. No sé cómo explicarlo (y ella tampoco). Fuera de training, algo así. Marmota, dormida, un poco despistada. Muy concentrada, pero en otras cosas, vaya uno a saber en qué. Allá iba, con sus quehaceres y sus demases. Sus bemoles y sus vaivenes. Iba y venía. Pero no se enteraba. A su alrededor pasaban las estaciones, las cosas, las personas, los trenes…

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Marcela Arza

Clotis

Fuimos en el 504. Paramos en un semáforo, “Albóndigas frescas y despampanantes”, decía el cartel de la rotisería. La vi a mi mamá a través de la ventanilla del auto. Estaba sin gestos. Era un cuerpo de trapo, sin gestos. Mi papá empezó a silbar y que nosotras adivinemos qué canción es. Siempre hacía eso de animar a todos. Siempre quería caer bien y que todo esté bien. Pero no dijimos nada y se quedó callado.  Me caía bien mi papá, pero a veces me daba pena. 

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Marcela Inda

Irau

Pueblo situado en el Pirineo, o eso se cree. De acceso remoto. Esto es: para llegar, hay que ponerle mucha, pero mucha voluntad. 

Su geografía: pequeñísimo valle rodeado de montañas, no le faltan ríos, cascaditas, sitios de ensueño. En el invierno hace un frío que pela, y el verano es escaso, como suspiro de yuppie. El otoño es generoso en colores, y la primavera en setas. No hay mapas detallados del lugar, ni carreteras cercanas, ni estaciones de servicio. Nada facilita el acercarse, y mucho menos el arribar.

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Victoria Sarchi

El humo

Sacate todo hasta quedar vacía, me decía amablemente, pero no me fue tan fácil. Era un manojo de contradicciones y… ¡cómo cansa ser una persona insegura! Es algo extremadamente agotador porque la calma que se siente al tomar “la decisión” aparentemente deseada es efímera, es después un ir y venir, un vaivén angustioso porque esa “paz” obtenida se esfuma cuando aparece la duda y con la duda, otra duda y se empieza a caer en un espiral interminable de vacilaciones hasta que la calma vuelve cuando se sostiene nuevamente una decisión, al menos por un rato, así funciono yo, perdiendo y ganando al mismo tiempo y de a ratos.

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Invitadx

Le dolían

Por Tato Cayón

Caminó por el centro ida y vuelta unas cuantas veces. “¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?”, era lo único que se preguntaba. Si abría la boca, le salían esas palabras a borbotones, y si se quedaba en silencio, la pregunta era un martillito golpeando por dentro, incesantemente. Ese día le dolían los dedos. Le dolían, hinchados, a punto de explotar. Le dolían tanto las manos, ¡tanto! , que sin pensarlo, las cerraba en puño, como si así le pudiera dar unas cuantas trompadas a la vida. Es que la vida estaba siendo muy poco amable con su cuerpo. 

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