Victoria Sarchi

Las razones

Dije que a partir de hoy sólo iba a hablar de mí, porque se supone que tengo la potestad absoluta en lo que al tema se refiere (mí, yo) y a juzgar por mis últimos días de vida parece, según lo que escucho, que todo lo que siempre he querido tener ha sido eso: RAZÓN. Para mí gritar un poco, levantar la voz es querer decir más claro pero bueno…. Ya no quiero ser puesta en tela de juicio, entonces acordé, conmigo misma, que sólo voy a referirme a lo que sé.

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Marcela Inda

Intermedio

Hoy fui al cine. O, mejor dicho, volví al cine después de mucho tiempo. Y confieso que me dio muchísimo placer ese momento en que la luz baja, las voces se acallan hasta ser murmullo que se vuelve silencio. Y ahí, ahí empieza la cosa. Me reacomodé en la butaca y me dispuse, toda yo, al viaje. 

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Victoria Sarchi

Ser cielo

Yo quiero ser parte de eso, pensaba mientras tenía la sien clavada en la ventanilla del automóvil que se movía veloz por la autopista, quería ser celeste, fusionarse, abandonar las formas, todo lo corpóreo y ser flotante, volátil, espiritosa. El día apenas se alzaba y ella ya quería volver a dormir para soñar a ser cielo y poder abarcarlo todo. ¿Cuándo va a valer la pena estar acá abajo? se preguntaba mientras sonaba la radio y el locutor anunciaba la temperatura máxima del día. Los ojos se le enardecieron y lloró en silencio, estaba ya muy acostumbrada a enmudecer su garganta, a llorar sin hacer ruido, podía hacerlo por largos tramos, si hasta hacía viajes enteros sin que lo notara, sin que hiciera ni una mísera mención sobre sus lágrimas, sobre sus ojos irritados, sobre su nariz enrojecida. 

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Marcela Arza

Mi primer amor

Uno de los últimos días de enero en Gesell. El día más caluroso del mes. El sol a pleno sobre las canchas de voley. Churros, barquillos y “lloren chicos lloren”. Mi viejo en la orilla habla con Eduardo. Se lo ve efusivo en lo que charlan. El puño de su mano lo demuestra. Mi vieja está sentada, leyendo uno de Stephen King. Tan fanática, que leía de 15 a 20 libros al mes. 

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Marcela Inda

Una de terror

El mundo está al revés. Ya nadie lo duda. Abro los ojos y es pesadilla. El día es pesadilla, todas sus noticias parecen un mal sueño, tienen el tinte de lo que buscaría un morboso en una película de terror. Porque, digo yo, ¿a quién le quedan ganas de mirar una de miedo, después de leer el diario? El horror es real, la realidad supera la ficción. 

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Victoria Sarchi

La sobremesa

Fue incómoda, lo que parecía que iba a ser una cosa alegre no lo fue y yo creo que nos sorprendió a todos. Ni mi padre, ni su novia, ni mi hermano, ni yo esperábamos lo que finalmente pasó. La sobremesa estaba siendo de lo más tirante, y no había forma de cortar esa soga de la que nos habíamos colgado y que nos mantenía a todos malhumorados y con ganas de hacernos sentir mal unos a otros.

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Marcela Arza

Los Narcos

Lo dijo bien claro: O te vas o te hacemos concha. Nancy apenas frunció el ceño de miedo. Sus ojos no quisieron verle la cara. Vos no eras así, salió decirle. Matias  le clavó la mirada y se le fue con el cuerpo hacia ella. No seas boluda, le dijo con sinceridad elocuente. Su piel se erizó al descubrir que el niño que había cuidado hasta la adolescencia, le estaba diciendo que se vaya del pueblo. Se paró al lado de ella, sacó un cigarrillo y lo prendió. La ruta estaba vacía. La brisa de un verano otoñal. El auto de Matias, rojo Peugeot con las luces bajas, puesto de frente al Duna blanco, ambos brillando bajo el sol del pleno atardecer. 

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