Marcela Inda

Gaumont KM 0

La invitó al cine. Quedaron en la esquina de Callao y Rivadavia. Ella pensó que irían caminando hasta Corrientes, a alguno de los cines de la avenida, y había mirado el horario en que pasaban “Frida”. Hacía unas semanas que estaba en cartel y tenía muchas ganas de verla. Quizás por eso le dijo que sí, vamos al cine, dale, de una. No se moría de ganas de salir con él. Pero sí de ver la peli.

Se bajó del subte ahí en Congreso (¿él también vendría en subte? Se dio cuenta de que no se acordaba dónde vivía él) y miró alrededor. Las luces de la calle ya estaban encendidas aunque el cielo todavía tenía algo de claridad, rosas y violetas en la cúpula del Congreso. Cruzó. No habían aclarado en cuál esquina. Ahí estaba, en la de la plaza. Lo vio antes que él a ella. Y aprovechó para mirarlo. Tenía un algo distraído, en el pelo, en el estar. Pero se notaba que se había arreglado, jean y una camisa, nada del otro mundo, pero se había sacado la remera rock de las clases de la facu. Al verlo así sintió un pinchazo en algún lado. Él estaba esperando algo de esa salida, era evidente. Y ella sólo quería ver a Frida Khalo. Bueno, que fluya, pensó. Y lo saludó con la mano. Se puso en rojo, él le hizo señas de que cruce. 

Muy sonriente y todo atolondrado le explicó que ahí a una cuadra habían abierto el Gaumont Espacio Incaa, un lugar bárbaro al parecer, donde sólo pasaban cine nacional, pero que era muy barato, y lo importante que era el cine nacional y que por eso a él se le había ocurrido invitarla porque bla bla bla… Él hablaba y los colores de Frida se le iban destiñendo de a poco adentro. Claro, buenísimo, dale, vamos. Sonreía, le ponía onda. 

Apenas caminaron media cuadra por la plaza y ya divisó una larguísima cola de gente que llegaba hasta el Gaumont, con sus lucecitas de estreno, y toda la expectativa de quienes iban a por sus localidades económicas, con el orgullo de la producción nacional. No quería dejarse amedrentar por sus pensamientos boicoteadores. No. Démosle una oportunidad, es un chico más bueno que el pan, es inteligente, es un copado como piensa… 

Ella se quedó haciendo la cola mientras él sacaba las entradas. Eran tan baratas que le daba vergüenza ofrecerse a pagar la mitad. Qué momento incómodo. Mejor después pagás una birra, le dijo él, y se rió. Claro, cómo no, dijo. Y respiró. Vieron “Nadar solo”, una peli equis, que a ella le aburrió un montón. Todo el tiempo estaba tratando de acordarse dónde había visto actuar al protagonista. ¿Había sido en Chiquititas? Alguna de Cris Morena, seguro. Pero no podía comentarle eso a él, iba a pensar que era una naba total. ¡Chiquititas! Bueno, por lo menos la dejó ver la peli tranquila y no se lanzó sin aviso, como le había pasado con algún otro más de una vez. 

¿Ves, nena? Es un buen pibe. Éstos son los pibes que tenés que mirar, y no…

Salieron del cine y él estaba radiante. Le dijo que cruzando la plaza había un bolichito donde vendían birra barata, y allá fueron. Ya no estaba nervioso. Hablaba con pasión, sí, pero tranquilo, preguntándole su parecer, sus sensaciones, lo que pensaba de lo que habían visto. Sacaba conclusiones, compartía sus dudas. A la tercera birra se reían y ella sentía que había podido reflexionar sobre la peli y sobre la vida, y sobre la peli de nuevo y sobre… 

¿Ves, nena? Un tipo inteligente. Y respetuoso. Uno entre miles.

Una última birra. Y caminar medio de memoria. Me tomo el 5. Te acompaño. No, no te preocupes. Sí, te acompaño. Y estás en la puerta de tu casa con este chabón de rulos que te sonríe y te besa. Poniendo todo tu empeño, toda tu fe, lo besás también. Y eso es todo. No pasa, no te pasa. 

¿Será que vas a sentir sólo cuando el otro te haga daño, como Frida? No querés eso, querés una pasión que no te desgarre. Suena contradictorio. 

Siga participando, decía la tapita de Coca. 

Standard

2 Comentarios sobre “Gaumont KM 0

  1. Lea dice:

    Una joven que claudica, que ya no busca el amor que duele y elige aquello que no la hace feliz pero que no la daña. Pocas opciones ofrece la vida. Y los mayores que sólo piensan y desean que sus hijos no sufran. Válido pero opaco, gris, indiferente…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *