Victoria Sarchi

Teoría Retrovisor

Hice una cuenta dañina. De esas que te hacen sentir que ya hace un rato largo que permanecés en el mismo estado, en el mismo sitio, en la misma situación. De esas cuentas un poco malignas que llevan a conclusiones que aseveran que todo a tu alrededor mutó, evolucionó, vivió una metamorfosis y vos no. Vos seguís igual. Estancada. Enraizada. Inalterable. Por un rato me la creo, me comparo, me castigo, me hecho culpas, voy y vengo en pensamientos estériles que hacen que me hunda más y más en mi idea de estatismo.

Luego le sigue una desesperación vertiginosa de que el tiempo se escurre y que todo lo que ahora nos parece lejos, es un engaño porque todo está más próximo de lo que pensamos. Me pongo intensa y, en vez de dejar pasar el pensamiento, elaboro la teoría de que todos tendemos a mirar al tiempo con el efecto de un espejo retrovisor. Allí las cosas se ven distantes, de una lejanía aparente, que se esfuma en cuanto el auto que venía por allá, bien a lo lejos, te pasa por al lado tan rasante, tan rápidamente que te inunda una sensación inevitable de confusión, como de haber sido víctima de una información fraudulenta, falsa, entre tus ojos y el espejo. El objeto que este mostraba estaba bastante más cerca de lo que parecía estar y no hay nada que puedas hacer para cambiarlo, para verlo venir con la distancia exacta. Y eso me pasó hoy, con esa cuenta que hice que me hizo sentir que llegué demasiado rápido a dónde pensé que llegaría más despacio. Entonces me pregunto ¿Cómo viviría si supiera exactamente el día y la fecha de mi muerte? Me imagino agarrando mi partida de nacimiento y que abajo de esa fecha también está escrita la fecha de mi salida, del descarne, del final.

Creo que con ese dato, probablemente, usaría mejor mi “tiempo” pero al próximo segundo me resulta aterradora tanta certeza, si bien ese es EL suceso que nos hermana a todos, porque es lo único que sabemos que sí o sí nos va a pasar en la vida, tanto detalle es… no sé, se me hace insoportable esa idea de decir: bueno, a partir de hoy ya no duermo porque sólo me van quedando tres días. Ese dato es mejor no tenerlo, si al final ¿no vivimos negando la muerte para poder vivir? 

Es un hecho que hacer cuentas, en general, pero más hacerlas con la noción del tiempo me resulta pernicioso, me exaspera. Ahora prefiero pensar que no existe, que es tan sólo una forma de medida como muchas otras, un concepto que usamos para ponerle duración a las cosas, para armar rutinas, para armar encuentros. Como un bálsamo a mi mente busco la definición de la palabra tiempo y la que más me aliviana es la que lo define como la dimensión física que representa la sucesión de estados por los que pasa la materia, y me hace dar cuenta de que entonces el tiempo es también cambio y que aunque yo crea en mi estatismo, es imposible, no hay manera de no variar y aunque sean imperceptibles ahí están, quizá no tan grandilocuentes pero están, porque la materia está cambiando siempre y yo también soy materia que cambia, aunque a veces haga cuentas que quieran convencerme de que no.

Standard

Comentario sobre “Teoría Retrovisor

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *