Marcela Inda

Me tropecé conmigo

Anoche, insomnio. Cuanto menos querés pensar, más te enrosca la cabeza, con cuestiones que no tienen solución, y mucho menos a esas altas horas de la madrugada. 

-Si tus problemas tienen solución, ¿a qué te quejas? Y si acaso no tuvieran solución, entonces… ¿a qué te quejas?

Eso decía siempre mi papá cuando se me instalaba la quejica, ese personaje que encuentra siempre un motivo para el rezongo, o, dicho de otra manera, ese que ante cualquier situación medianamente compleja, toma el atajo de desentenderse de responsabilidades, en lugar de tomar el toro por las astas, y le tira el fardo a otro. Con otro me puedo referir a alguien concreto o cuestiones más bien generales como el destino, el clima, el mercado cambiario y un largo etcétera.

No es tan fácil escaparle a ese cómodo sillón (¿o sofá-cama?) que es la queja. Pero si mi padre lo decía, habrá que escucharlo, aunque sea post-mortem. Así que respirando de diferentes yóguicas maneras, logré dormirme sobre las cinco de la mañana y a las ocho sonó el despertador. Why? Pues porque he resuelto enfrentar mi desidia y mis kilos de más con una asistencia perfecta al gimnasio. Y allá voy todas las mañanas de la semana, con un convencimiento del que no me creía capaz. 

Ahora lo que se hace es “funcional”, que vendría a ser como una gimnasia localizada de antes (porque es con “objetos”) pero con más punchi. Los objetos tienen nombres rarísimos, que no logro retener, y al escuchar las indicaciones de los profesores tengo que mirar a algún compa de al lado a ver qué catzo agarra, porque la pelota no se llama pelota, ni la pesita, mancuerna. No, señor. Hay una industria del movimiento que está detrás, con su marca, poniéndole nombres in english a cuestiones que acá en la pampa húmeda siempre llamamos de otra manera.

Lo que más me gusta de este mi nuevo gym amigo es la música, porque no importa que sean las ocho de la mañana, ellos le meten rock, y rock del bueno, entonces ya no me acuerdo de que estoy haciendo abdominales, estoy cantando una de los Redondos. Y seguimos con Charly para las sentadillas y dale que va.

Hay circuitos de fuerza, de potencia, de velocidad… Yo soy nuevecita en el ambiente, y en la actividad, así que, si no tengo fuerza, muchísimo menos potencia. Y de la velocidad ni hablemos… Hoy tocaba velocidad, y así me fue. El sol estaba fuerte ya desde temprano, y sentí que me encandilaba mientras caminaba a tranco apurado las cuadras que separan mi casa del gimnasio, me faltaba rato para despabilarme cuando llegué, y sonreí intentando entender y recordar al mismo tiempo la seguidilla de ejercicios. Y el profe, el bajito que estaba hoy, dijo: son diez vueltas al circuito, así que las primeras dos háganlas tranqui, para entrar en calor. Dale. 

Tan dormida estaba que en la primera vuelta me tropecé conmigo misma y me caí. Redonda. Al piso. Me caí porque me torcí el tobillo, o viceversa. No sé. Lo que sé es que estaba desparramada en la goma eva con un dolor en el pie que me despertó de repente. Me levanté lo más digna que pude, y, vasca yo hasta el final, terminé no sólo esa, la primera vuelta, sino las nueve restantes. A mi ritmo, pero las hice toditas. Sudé. Sonreí. Salí. Y cuando salía de nuevo al sol picante me di cuenta de que no iba a ser fácil llegar a mi casa con ese dolor cada vez más agudo. Mierda. 

Hielo. Lo bueno del dolor físico, y más cuando es tan concreto, es que te saca de elucubraciones mentales inconducentes. Te duele ahí, punto. 

Ahora, ¿tan enredada estoy que me tropiezo conmigo? No hay algo afuera que me provoque la caída, soy yo misma la que se pone la traba. 

¿Esa sería la conclusión? No voy a discutir con mis intuiciones. Las voy a dejar ser, mientras practico otras respiraciones con la pata para arriba, untada en un ungüento desinflamatorio maloliente y disfruto de antemano porque mañana no madrugo.  

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3 Comentarios sobre “Me tropecé conmigo

  1. Rosario Hernandez dice:

    Jajajajajajaja es muy muuuuuyyyy bueno y muy Real!!!! Pero ya estamos de pie nuevamente y súper convencidas de seguir!!!! Te quiero mucho muchísimo Abrazo Mar

  2. Lea dice:

    Me gustó muchísimo eso de tropezarse consigo misma. ¡¡¡Qué personaje !!! ¿Será porque todo lo que hace es lo que no quiere hacer? Si es así, pero a lo vasco insiste, saldrá adelante. Las circunstancias no la amedrantan y el triunfo es propiedad de los que se caen y se levantan para seguir.

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