Marcela Inda

Resaca

“Beber, beber, beber es un gran placer, el agua es para bañarse y para las ranas que nadan bien”. Cantaron, brindaron, bebieron. Recorrieron la ciudad de bar en bar, hasta las tantas. Hasta que la noche se volvió desierta y no quedó barra que les sirviera una cerveza. Se rieron mucho, muchísimo. Se contaron historias increíbles, se confesaron pecados capitales, se adivinaron los pensamientos. Se alojaron en un cuartito, se contuvieron en la escalera, se desnudaron como lo más natural del mundo. Se disfrutaron sin desperdicio, se reconocieron. Se siguieron riendo hasta quedarse dormidos.

Se despertaron con la boca pastosa y una sed descomunal. El sol estaba muy alto. Simularon prisas, se vistieron ocultándose, se sonrieron apenas. Como cuando ves una foto de hace mucho, mucho tiempo. Miraron el reloj, salieron sin hacer ruido. Ahora la calle era otra, era lunes en todos los adoquines, y cada uno iba en una dirección distinta. Se despidieron corteses, como quien hace un trámite. El banco, la facultad… Las horas del día se distribuyeron en casilleros bien ordenados, sin permitir el derrame. 

La resaca es básicamente deshidratación, eso todo el mundo lo sabe. El agua es para bañarse y para beber hasta que pase el dolor de cabeza. Él acompañó el agua con analgésicos que encontró en un cajón de su escritorio, como queriendo borrar químicamente ese torbellino que le seguía dando vueltas por todo el cuerpo. Para cuando salió del banco, sentía el bienestar de los efectos, y pudo, sin mayores inconvenientes, jugar al golf con su futuro suegro, y cerrar unos contratos mientras tomaban un café (bien cargado para él, s´il vous plait) en el club de campo. 

Ella asistió a su clase de Sociología Política, mientras bebía de a sorbos pequeños y controlados una cerveza que había puesto en su botellita plástica. Nada mejor que una birra para contrarrestar el efecto de las decenas de la noche anterior. Antes del seminario de la tarde, había una asamblea y ella, como no podía ser de otra manera, estuvo ahí escuchando a sus compañeros, a su compañero, que llevaba la voz cantante y convencida: “Porque, como decía Brecht, peor que robar un banco es haberlo fundado”. Vítores. Aplausos. Y otra birra. Le sonríe y quedan en verse para cenar. Los nuevos vecinos, unos venezolanos muy alegres, los invitaron a probar arepas caseras, ellos llevarán, cómo no, la cerveza.

Él se acuesta temprano, luego de una breve llamada telefónica con su novia, que le pasa el reporte de cómo van los preparativos para la boda: mañana tiene prueba de vestido, la de las flores es un desastre, está pensando en contratar a otra persona pero no sabe si le da el tiempo, el cura quiere verlos para ultimar detalles, no puede pasar del próximo fin de semana… Él se esfuerza en prestarle atención, en concentrarse. La despide con palabras amables y se compromete a hacer un par de cosas, que, en el momento de cortar, ya ha olvidado. El colchón está durísimo, lo siente así. ¿Cómo es que nunca se dio cuenta de lo incómoda que es su cama? Se da vuelta, busca una posición. Los párpados se le desploman, pero el resto de su cuerpo no encuentra cómo ser horizontal.

Un segundo antes de dormirse se recuerdan. Como una ráfaga. La bruma que impone la resaca a los acontecimientos los hace dudar de la explosión de esos cuerpos-almas al chocar. Sin embargo, por un instante saben que han probado de lo bueno. Luego se duermen, cada uno en su cama.

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2 Comentarios sobre “Resaca

  1. Lea dice:

    Todo hace pensar que siguen siendo desconocidos después de la intimidad. Sin embargo, a la noche siguiente, después de un día como todos los días, el recuerdo aparece. No hay borrachera que pueda borrar un momento feliz. ¿¡Y a pesar de esto él se va a casar con otra?! ¡Qué compleja pero corriente es el alma humana!!!

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