Marcela Inda

Vaho

Es de noche, por lo menos ahí adentro.

En un salón, Marta y Herminia, dos mujeres de mediana edad, en una barra, con escotes que dejan ver. Copas, sonido de vajilla que llevan y traen. La música viene de allá, de la pista. Observan, miden, tantean.

MARTA -Es una lástima que sea tan pollito, tan débil, se da vuelta como una media. Un día te sopla flores al oído y al otro ni te saluda. Vos viste, ¿no? Pasó y ni miró. 

HERMINIA -Es que te quedás esperando, Marta. Ese es el problema. Eso no va más.

MARTA –Me da pena, no sé… Además, lo decís como si fuera fácil… 

HERMINIA –No lo sabés porque ni lo intentás… Estás así hace dos horas…

MARTA –Tenés razón, tenés razón… Tampoco es que es gran cosa, ¿no? Una se aferra porque no hay mucho más… No es que la milonga, o la vida, sea una góndola muy completa, la verdad. Es más bien como si la hubieran saqueado. 

HERMINIA –Ay, ¡nena! ¿Qué decís? Mirás mucha tele.

MARTA -Sí, un saqueo. Y mirá lo que quedó. Las galletitas Manón que nadie se quiso llevar…

HERMINIA –A mí me gustaban…

MARTA –¡Pero si son más aburridas que chupar un palo! Un desastre. Bueno, no te aburro más. ¿Pedimos otra copa? 

HERMINIA –Dale, ¿otro blanco?

MARTA –Sí, así no mezclo.

HERMINIA –Javi, una de tinto y una de blanco, porfa. Este zapato me está matando. 

MARTA –Pero no es nuevo… ¿O sí?

HERMINIA –No, ¡qué va a ser nuevo! 

MARTA –Ya me parecía que te lo tenía visto…

HERMINIA -Lo mandé al zapatero a que le cosa ahí… Y ahora éste, el izquierdo, me quedó como muy tirante. Si tuve que disculparme con Ernesto, dos tangos y quedé fiu-fiú… 

MARTA –Le rompiste el corazón (Ríen) ¿Qué tenés puesto? El perfume, digo, ¿es nuevo?

HERMINIA -¿Te gusta? Lo hice yo. 

MARTA -¿Qué?

HERMINIA -¿No te conté? Estoy experimentando. Hice un curso, así, de esencias, de perfumes naturales. Gracias, Javi.

MARTA (bajito) –A éste también lo tenés ahí, ¿eh? 

HERMINIA –No digas pavadas… ¿Será el perfume? (Se ríe) ¿Te acordás de mi vecina del cuarto, Asunta?

MARTA –La que es medio… ¿No te habrás metido a hacer…?

HERMINIA –Sí, bueno… Ella. Me pasó unos tips. Ella está más en todo el tema chamánico, y los usa para… bueno, para lo que le pidan. Yo, te digo la verdad, empecé un poco por aburrida, y porque había visto esa peli… “El perfume”, ¿la viste? 

MARTA –Mmmsí…

HERMINIA -Bueno, nada que ver.

Ambas ríen. Beben y ríen.

HERMINIA -Después me di cuenta que nada que ver. Pero me gusta. Creo que encontré algo ahí. Es como cocinar, al fin y al cabo es una receta… pero lo bueno es que lo que hacés no engorda. 

MARTA -¿Lo decís por mí?

HERMINIA –Ay, Marta, ¡qué susceptible! Cuando te ponés así no te aguanto, no se puede hablar con vos… Lo digo por mí, que cuando hice pastelería engordé 5 kilos que todavía no me puedo sacar de encima.

MARTA –Bueno, no te enojes… Y no te amargues, no vale la pena. Chin-chin. 

HERMINIA –Chin-chin… 

MARTA –Miralo… Ahora con esa patiflaca sin gracia alguna… Ufff (Bebe

HERMINIA –¿Otra vez? Dejate de joder con la galletita Manón…

MARTA –Tenés razón, tenés razón… Contame… ¿Qué hacés? ¿Florales, cítricos?

HERMINIA –Y… vas viendo lo que querés. Acá en la milonga pruebo todo el tiempo… 

MARTA –¿Cómo probás?

HERMINIA -Éste que tengo ahora, por ejemplo, tiene almendra. Afrodisíaco. 

MARTA –Ay… (bajito) ¡Con razón Javi está tan generoso!

HERMINIA -Hay que poner poquito, todo tiene una proporción, no te creas. Porque podés causar un desastre. 

Ambas ríen. Brindan. Toman.

HERMINIA -No te rías. Acá que hay tanto roce, tanta circulación de fluido, digamos… Es como si acelerara todo proceso. Lo que en la calle ocurre un diez, acá ocurre un setenta, por decirte. Hay que equilibrar, usar un contrapunto. 

MARTA –Como bailar…

HERMINIA -Sí. Pero la cosa es que tenés una especie de arma secreta que actúa sin que los demás entiendan mucho… Aunque me gusta más pensarlo como una propuesta… Venís con algo, no te quedás esperando, ¿entendés? 

MARTA –Bueno, no empieces de nuevo…

HERMINIA -Jugás a algo cada vez. Y no es nada sencillo encontrar el punto… Pensá que con todo el aire usado que hay acá, el aire respirado, cada quien con su… “aroma”… 

MARTA –El “aroma” de Miguel… ayyy

Ambas ríen.

HERMINIA -No es como si empezaras con la página en blanco, no sé si me explico. A veces hay que limpiar primero. La semana pasada probé con una mezcla de rosa búlgara, que revierte las vibraciones negativas, y ámbar, que aumenta la… energía, la virilidad, digamos. 

MARTA –¿Y? ¿La semana pasada, cuándo? ¿El jueves?

HERMINIA –Sí. Bien, muy bien. Anduvo muy bien. Ahora estoy tratando de conseguir jazmín persa. Se la encargué a Asunta, pero me dice que no se la traen. No sé si me dice la verdad… Es que es una esencia muy poderosa, pocos la conocen… La gente se queda ahí en el primer capítulo, con la ruda y el patchouly, pero no, Marta, hay mucho por investigar… 

MARTA –Mirá vos, che… Y, ¿se puede saber con quién querés probar el jazmín chino ese?

HERMINIA –Persa, jazmín persa. Y no. No se trata de con quién, Marta. O sí, en todo caso, es conmigo. Siempre estás enfocando mal el asunto… De Disney todo… Una película mala, de Disney…

Marta toma el último trago. Se seca unas lágrimas. Mira la pista. Tiempo.

HERMINIA -¿Querés que te haga uno? Te personalizo… ¿Vos qué es lo que querés? ¿Qué te gustaría probar?

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2 Comentarios sobre “Vaho

  1. Lea dice:

    Detrás de la trivialidad de una charla en una milonga, dos mujeres esperan para bailar un tango, para entablar un acercamiento con un hombre. Como no llega la ocasión ni ahí ni en la vida fuera del baile, una de ellas prueba con esencias para atraerlos. En el diálogo, se trasunta una soledad que no es elegida, deseos incumplidos, ilusiones truncas. Buen texto dramático que esconde bajo una apariencia simple, dos vidas solitarias.

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