Marcela Inda

Irau

Pueblo situado en el Pirineo, o eso se cree. De acceso remoto. Esto es: para llegar, hay que ponerle mucha, pero mucha voluntad. 

Su geografía: pequeñísimo valle rodeado de montañas, no le faltan ríos, cascaditas, sitios de ensueño. En el invierno hace un frío que pela, y el verano es escaso, como suspiro de yuppie. El otoño es generoso en colores, y la primavera en setas. No hay mapas detallados del lugar, ni carreteras cercanas, ni estaciones de servicio. Nada facilita el acercarse, y mucho menos el arribar.

Su economía: digamos que se autoabastece. Tampoco es que necesite mucho. Carece de señal, de todo tipo de tecnología y servicios, así como de emprendimientos industriales o semi. Recursos, de los naturales, hay. Pero no hay quien los extraiga, o quien les haya echado el ojo (todavía).

Su historia: su fundación se pierde en el origen de los tiempos, allá lejos, lejos. Cuentan que un tal Irau ya estaba ahí cuando todo empezó y se fue quedando, y, del mismo modo, quienes le siguieron en la línea de descendencia, generación tras generación, hasta llegar a hoy. Nunca nada ni nadie logró sacarlos de ahí. Resistieron. Ese ha sido su mayor logro y, sin duda, lo que los ha catapultado a la fama y a la trascendencia de la que gozan en ciertos círculos de eruditos estudiosos de pueblos perdidos. Glaciaciones, sequías, guerras y hambrunas. Todo pasó por Irau (el pueblo), pero Irau (el poblador) ahí quedó. En todas sus versiones generacionales, se entiende. Una iglesia, que data de tiempos de mayor esplendor que los actuales, guarda entre sus tesoros, los anales de la historia, los grandes acontecimientos recopilados de la copiosa tradición oral, escritos de manera no muy alejada del caos en el que sucedieron y en un lenguaje que sólo ellos conocen. Pero ahí está, por si alguien quiere consultarla: peleas con osos, invasiones bárbaras, nieves eternas, y las famosísimas “Iráulidas”, revueltas y resistencias de un pueblo incansable.

Su población: en la actualidad cuenta con un único habitante: Irau. No cabe duda de que es un Irau de pura cepa, porque no piensa irse, y mucho menos rendirse. Se ocupa de todas las faenas de un pueblo que se precie. Cotidianamente, produce los alimentos para su subsistencia, siembra-riega-cosecha, recolecta-envasa-conserva, cría-mata-come, y mantiene en pie las casas y construcciones varias que la erosión, y demás cuestiones por el estilo, insisten en roer. Extracotidianamente, organiza, preside, disfruta y documenta las anuales fiestas del pueblo, que no son pocas: la fiesta grande, en agosto, en plena abundancia de la semana de verano que le toca en suerte; los carnavales en febrero, en mayo las fundacionales y en octubre las Iráulidas, con gran despliegue de presupuesto y banderines. Mucha de la energía se le va en invitaciones, en un desesperado intento por convocar multitudes y por brindar con alguien. Pero es gastar pólvora en chimangos, algún remolino siempre mete la cola, el camino es un oído interno, una sucesión de laberintos donde se pierden inexorablemente los posibles camaradas de Irau.

Su idioma: tiene un origen tan remoto como su historia, tan misterioso como su subsistencia. Irau llama Irau a su lengua y como teme olvidarla, no para de escribirla, en piedra, papel o tijera. Lo habla con sus animales y plantas, con sus antepasados y también con algunos dioses que le quedan en la memoria, sobre todo en el invierno, cuando las tormentas de nieve le asustan las tripas, o en primavera, cuando la belleza de una florcita silvestre le arroba el alma desacostumbrada. No hay en la actualidad una gramática del Irau, nadie se ha atrevido aún a emprender la tarea, pero Irau asegura, a quien quiera escucharlo, que es un idioma hermoso, capaz de nombrar cada piedra, cada rincón del lugar, así como cada acontecimiento, por más pequeño que haya sido, de la historia del muy noble e inolvidable pueblo de Irau.

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2 Comentarios sobre “Irau

  1. Lea dice:

    Es un retrato acabado de un pueblo y un poblador milenarios que abandona la descripción geográfica para embellecerla con la literatura. Parece de ensueño, de lucha, y a pesar de las inclemencias del invierno, es casi un paraíso perdido en el espacio y la leyenda. Hermoso, Marcela!!!!

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