Marcela Inda

Reposera

Embadurnada con protector cincuenta, así toda pegajosa y medio blancuzca, se puso un vestidito sobre la malla, metió el termo en el bolso, miró alrededor. El sombrero, las gafas. Ah, sí, las botellitas de agua del freezer. Se las llevaba así congeladas y le duraban toda la tarde. ¿Qué más? Agarró la mejor reposera, bajó las persianas, y salió. La casita que habían alquilado ese año estaba a sólo cuatro cuadras de la playa, tenía hasta un jardín y una parrillita. Hermosa. Un pino en el patio daba una sombra que se agradecía en el sopor de la siesta. Le iba a preguntar a la dueña si también la alquilaban fuera de temporada, sí. Cerró la tranquerita, y rumbeó con sus bártulos, que ahora no podía evitar que le parecieran poquitísimos, bajo el sol de las cuatro, que decían que no era tan malo como el de las tres. 

Nunca fue muy amiga de las ojotas, pero si no las usaba ahí, esas semanas… Se le metían piedritas que la distraían del disfrute. Cuando llegó a la arena, probó quitárselas, pero quemaba, así que apuró el paso en el médano. Otro médano, saludó con un movimiento de cabeza a Capusotto, que como siempre leía bajo su sombrero, y siguió camino hasta la arena mojada. Un día se iba a animar a hablarle, sí, iba a tomar coraje y algo más que un hola le iba a decir. Hasta ahora sólo le había chusmeado las lecturas, y le había regalado sus sonrisas tímidas. ¿A esta altura de mi vida, tímida? Ay, nena, ¡tanto para aprender! Pero se sentía más encaminada. Mucho más perdida que hace un par de semanas, pero más segura de hacia dónde no iba, o, mejor dicho, a dónde no se quedaba.

La playa estaba tranquila, como lo había estado todo el mes. Habían elegido bien el sitio. Sonrió al recordar la cara que puso él cuando ella feliz decretó: Cuanto menos gente, mejor. Gozaba de ese mar inmenso, casi para ella sola. Alguna que otra familia por allá, pero lejos, no escuchaba ni sus voces. Y a la vez, se sentía extrañamente acompañada. Desde lejos, qué mejor. 

Hoy el sol estaba fuerte, así que resistió poquito en la reposera, y fue a refrescarse. Cada vez disfrutaba más de sus baños en el mar, era la primera vez que le pasaba. Sentía que en cada inmersión, se limpiaba, se lavaba, no sólo los malos recuerdos, sino también el cansancio, su vida anterior. Ahora le parecía tan lejano aquello, como si fuera otra persona, y no habían pasado más que dos semanas. 

Hacía dos semanas una infernal tormenta de verano había desatado fuerzas inmensas, y ella se había animado a desatar su matrimonio. Después de dos días con sus noches en los que no paró de llover, salió el sol y todo pareció más liviano. Él junto sus petates, la saludó educadamente y se fue, no sin antes hacerle todos los encargues que se le pueden ocurrir a alguien respecto al uso del gas, a la seguridad de la casa, y otro millón de cuestiones prácticas que ella escuchó por última vez. Nadie podía decir que no lo habían intentado. Así como habían intentado tener hijos, y otros planes menos ambiciosos en lo que respecta a lo que comúnmente se entiende por “tener éxito en la vida”… Muchos intentos. Y nada le había dado la paz que le daba ahora su baño de mar.

Salió del agua y los ojos le ardían, de tanto que había nadado, tenía la vista un poco nublada. Se fue acercando adonde recordaba que estaban sus cosas, y le costó reconocer el lugar. Había alguien sentado en su reposera. ¿Qué hacía y quién era? Titubeó, pero siguió acercándose cada vez más lentamente. Tiritaba, un poco de frío y otro poco de desconcierto. Un hombre leía su libro plácidamente sentado en su reposera favorita. Ella estornudó, y él levanto la vista.

-¡Salud! Salud, Mecha.

Nadie le decía Mecha desde la adolescencia.

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Comentario sobre “Reposera

  1. Lea dice:

    Las frases “…más segura de a dónde no iba, mejor dicho, dónde no se quedaba” y ” sentía que en cada inmersión, se limpiaba, se lavaba no sólo los malos recuerdos sino…su vida anterior” prueban que el duelo está cerrado. que empieza una vida nueva porque se superó la separación. El lector tiene pocos indicios y eso crea expectativa. Sí se sabe que ella está feliz. Cuando se revela el pasado que es la ruptura de su matrimonio, se avecina un posible comienzo.

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