Marcela Arza

El silencio depende del oído que escuche

Nos juntamos en la casa de Nathi. Llegue y estaba Sonia en el sillón con la cara hinchada de llorar. Lucrecia apenas la vio le fue a dar un abrazo. Nathi me dice con señas que es el nene. 

¿Lucas?, dije con terror. 

Sonia intentaba hablar pero el llanto repentino no dejaba entenderla. Con más terror grité, ¿¡qué pasó!? Y el llanto más fuerte. Lucrecia le limpia la cara y le da una cachetada seca, concreta y eficaz. El llanto desaparece.

Lucas… 

¿Qué le pasó?

Fue…

Se quedaba por decir el manantial que tenía adentro. 

¿Le pasó algo a Lucas?

Lucrecia la calmó con caricias. Maestra en dominar nuestras emociones extremas siempre supo mecánicamente lo que nuestros cuerpos necesitan.

¿Nathi, vos sabes que pasó? 

Si. Estuvimos toda la tarde hablando, dice Natalia, remarcando apenas el toda la tarde.

Entre hipo y lágrimas le dice: Conta.

Natalia se sienta al borde del sillón. Se arremanga el pulover y habla como un reproductor viviente.

Lucas fue al jardín y golpeó a una compañera, dice. 

Isabela, dice Sonia, con los ojos toda agua. Se llama Isabela, la compañera. 

A Natalia le empezaron a sudar las manos. Hubo un silencio raro, sin tiempo. 

¿Y le pidió disculpas? Pregunté. 

¿Pasó algo más? Preguntó y afirmó Lucrecia.

Si, titubeó Natalia.

Decilo, exigió Sonia.

Le costó hablar a Nathi. Me dieron ganas de llorar verla tan incómoda. 

Ya la había golpeado antes, finalmente dijo mirando el piso. 

Hubo un silencio de tumba.

…cuando llegamos a casa, fue directo a patearlo a Pappo. Lo vi. Le pegó y el perro salió corriendo. Cuando lo fui a buscar tenía sangre en la cabeza. 

¿Lucas?

No. Pappo. 

De bruto lo hizo, dije.

No, dijo Sonia y no hubo discusión. 

Me senté al lado de ella. Sonia siempre huele bien. Apoyé mi cara sobre su hombro y le agarré la mano. La polera le tapaba los brazos. Siempre se tapaba los brazos. 

Después de un momento, de las cuatro inmersas en nuestro propio silencio, Lucrecia siempre tan atinada dijo: trajimos helado.

¿Cómo es posible que el dulce de leche granizado cure tantos males?, decía y sonreía Sonia. 

Por lo menos, ese rato, se rió.


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Comentario sobre “El silencio depende del oído que escuche

  1. Fermín dice:

    Un mundo que me encantaría seguir explorando. ¿Para cuándo la próxima entrega? Por favor, Arza!

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