Marcela Arza

Entonces ¿Qué soy?

El cielo llora las mismas lágrimas.

Hay caso que de la fuerza de una garganta agotada

ni la amargura determina. 

Y así pasan los años…

Dan lo mismo las calles de Ramos, o de Almagro o Saavedra.

Siempre un cielo blanco llorando lo mismo que sufre mi desencanto

Porque no hay tiempo para esta tristeza.

Agarrada al marco de la puerta

intentando, pensando,

¿Seré yo la equivocada? La que siempre busca lo que no alcanza

¿A dónde está mi causa?

¿A dónde es que vuelan mis alas?

El cielo llora con ganas y lo miro

¡Paren las horas!

¡Los segundos!

¡Los recuerdos!

Es en la noche donde el miedo ataca con ecos de un jardín de lápidas.

Fragancia que va y viene. La cara de mi madre sonriendo 

y mi padre como un invento que sobrevuela el llanto familiar que no desaparece.

Que vuelvan esas mañanas, sueños de niña, trepada a la reja de mi abuela cantando a los gritos, 

sin importar nada, sin llorar tantas desgracias.

Soy parte de un bucle que va,

que sabe ser parte.

Da lo mismo 15, 20 o 37.

No hay distancia cuando la herida urge bajo

¿Será que somos eternos y no acaba?

El cielo llora con ganas.

Y yo, acá, agarrada al marco de la puerta, pensando en la nada, sintiendo por fin ser un todo, respirando siempre la misma galaxia.


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