Marcela Inda

¿Dónde vivís?

Recorro la ciudad en transporte público. Voy y vengo. Bondi. Tren. Subte. Una línea y otra. La vida en movimiento. Llevo y traigo. Subo, bajo. Hago combinaciones. Conozco nuevos barrios. Llevo veinte años viviendo en esta ciudad y todavía hay calles por las que nunca pasé. Me gusta por momentos sentirme un poco perdida. Como si fuera una extraña en mi propio lugar. Después el bondi vuelve a la avenida y me ubico. Trazo líneas imaginarias en un mapa mental que se hace cada vez más amplio, detallado y enredado.

Llevo tanto tiempo haciendo esto que, mientras tanto, algunos colectivos cambiaron sus recorridos, muchas veces cambiaron las paradas de lugar, andá a saber por qué, los barrios cambiaron su fisonomía… Reemplacé la “Guía T” por Google maps. 

Pero hay cosas que ahí no aparecen, que hay conocerlas andando. Yo, por ejemplo, sé en qué momento del año y por qué calles tengo que pasar para sentir el aroma de la flor del paraíso. Sé cuándo y dónde florecen los palos borrachos, las magnolias, los jacarandás que dan sombra y color a las calles de la ciudad…

Paso mucho de mi tiempo en ese ir y venir. Me llama la calle, su bardo, su vida irrefrenable. Me gusta sumergirme, aturdirme ahí entre los desconocidos y no pensar.

Porque si pienso, me pregunto: ¿dónde vivís? ¿En qué barrio? ¿Cuál es tu bar cotidiano? ¿Cómo es tu cotidiano?

La verdad es que te perdí el rastro hace rato.

El rastro, sí. No huelo tu presencia en ninguna parte. Te evaporaste.

Y estoy segura de que es mejor así. Mejor para mí. 

Pero desde el bondi veo las ventanas y la gente vivir en ellas con total normalidad… Y no puedo evitar imaginarte viviendo alguna de esas vidas tan ajenas a la mía que parecen de otra especie.

Pienso que cabrías perfectamente en muchas de esas casas-cajita, con una vida ordenada y familia sentada alrededor de la mesa, la tele prendida, y un gato… O tal vez un perro, que te toque sacar a pasear en el reparto de las tareas del hogar. 

A veces hago hipótesis… Te veo viviendo en esa zona, donde se ha instalado últimamente esa tribu de intelectuales (ponele), ex-hippies… O quizás en esa otra, donde abundan los carritos paseados por padres jóvenes, en la flor de la edad. No sé… te pienso capaz de cosas dispares, como habitar un living blanco, ultra luminoso y moderno, minimalista, sin un sólo vestigio de pasado…

No te estoy buscando, no. Simplemente me muevo, porque no puedo quedarme quieta. Y mis ojos se posan distraídos allá y acá. Hay, sin embargo, una alerta lejana, en sordina. Como si fuera una luz de emergencia a la que nunca se le descarga la batería.

Creo que en el fondo tengo miedo de encontrarte, y que tu mirada sea un espejo en el que no me quiera mirar.

Pero resulta que soy más bien contrafóbica. Y allá voy.

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