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Osaka

Por Analía Malvido

Te sigo hasta el fin del mundo, te dije. Juntos hasta la eternidad, me dijiste. 

Tu trabajo nos trajo a Osaka. Es domingo y caminamos por el Keitakuen garden. Hay un lago con puentecito. Hay sol y me abrazás casi sin tocarme como si no quisieras lastimarme. Pienso eso y lo borro asustada de mi cabeza, qué pavadas estoy pensando. Caminamos y no hablamos porque no hace falta. Estamos un poco aturdidos con tanto cambio de vida y tanta mezcla de lenguas. Medio tonta, pienso que tendría que inventar un idioma pero no me tengo fe. No me parece que vaya a ser elocuente como el cerezo, como el puentecito y los peces. Qué poco nos hace falta, pienso, y respiro.

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She

Por Magui Funes

Cuando la vi por primera vez, me pasó desapercibida. Me pareció que podría ser cualquiera de las que atienden en los supermercados chinos de los barrios del conurbano.  No imaginaba lo que podrían hacer sus manos, esos dedos que no cuentan plata ni pasan comestibles por la caja registradora. 

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Vacas muertas

Por Mariano Sánchez

—¿Alguien quiere un poquito más de carne? —pregunta mi tío.

El brazo en alto apunta para la mesa con el tenedor ensartado en un pedazo de vacío. El jugo chorrea en el pasto. Nadie responde. O al menos nadie abre la boca para hacerlo. Mi vieja niega con la cabeza, mi tía pone cara de ¿cómo podés seguir comiendo, Fabián? Y mi viejo parece estar largando un sí en cámara lenta, pero no es más que su típico cabeceo de sobremesa.  

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Cinco escenas en la librería de usados

Por David Landesman

1. El hombre mayor, canoso, flaco, encorvado, ingresa a la librería con una enorme caja que debe pesar más que él. La apoya en el piso con dificultad, se seca la transpiración y, cuando recupera el aliento, dice:

–Buenas tardes. Vengo a vender estas revistas.  

El librero abre la caja. Son centenares de revistas sobre OVNIS, platos voladores, vida extraterrestre. 

El hombre, con orgullo y cansancio, aclara:

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Cadáver exquisito

Por nuestrxs lectores

Escribir es peligroso porque queda para siempre y no lo podés borrar.

Nunca hubo una vez…

Se escaparon por la puerta de atrás, justo un segundo antes de que entren todos. Corrieron hasta que sus cuerpos no daban más. Recostados en el piso, mientras la respiración se calmaba, se miraron y se vieron, por primera vez. Serendipia.

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Matacaballo

Por Mariano Saba

“Matacaballo”. Así motean, los purretes. Ni saben que es el nombre del galope bruto ni por qué me quedó el chiste encima… ¿Y yo? Este cuerpito gentil, así como lo ve, se cepilló a media caterva de las cocottes de Buenos Aires. Cuánta cocó y champú, mire, y ahora terminar tan tirado, mangueando a las puertas de Palermo, cuando fui el rey del burrerío yo.

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Los autos son verdaderas armas letales

Por Sol Rodríguez Seoane

Quisiera hablar un poco de este tema de los automóviles, que no es un tema menor. Porque me sorprende ver a tanta gente con automóviles, digo, tantas personas teniendo posesión de una máquina que puede calificarse de letal, puesto que los autos son verdaderas armas letales, y nunca me sentí tan peligrosa como la primera vez que intenté conducir un auto y estuve frente al volante intentando hacerlo andar.

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Las violentas

Por Catalina Larralde

La mesa del té está servida. Platos cargados de pastelería recoleta. Suenan la vajilla y las pulseras. El mantel blanco, las tazas blancas, el azúcar blanco. Las bocas con rouge.

—Con Club La Nación te hacen un descuento, y si vas el jueves, te regalan además una hilera de jaboncitos de lo más amorosos.

—Mirá qué bien.

—¿Cómo se llama?

La merveille.

—Pasé y vi la vidriera el otro día, está divina.

—Es que ella sabe. En Francia el diseño de locales es una carrera seria, no como acá que ponen cualquier cosa. Allá se estudia y se aprende.

—Tenés que pasarme la receta de este budín, Lucre.

—¿No te la pasé?

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El Problema

Por Javier Daulte

Día uno.

Me llamo Joel y estoy por cumplir ocho años. Y tengo un problema. Un problema grave. Hoy antes de almorzar fui al quiosco de acá a la vuelta. Obvio que no fui solo. Fui con mi mamá. Mi mamá es bastante buena y por eso le tengo mucha paciencia. Ella también tiene problemas (sino no se entiende que me haya puesto Joel de nombre, por ejemplo) pero no creo que sufra tanto como yo con los míos. Mejor dicho, con el mío. Hablo de mi problema. 

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