Victoria Sarchi

Pirañas

Pateó rabiosamente lejos un cascote de piedra con la punta del dedo gordo y aunque no hizo ningún gesto con su cara se podía entrever que le dolía. La humillación del arrebato, del forcejeo, del despojo de lo propio… también dolía el dolor físico en su pie, me imaginaba al verlo como a la sangre le estaría costando circular por su dedo gordo y le dolía pero menos, mucho menos, se notaba en sus labios trémulos que lo que más le dolía era la violencia, la suya y la de los otros. Los ojos los tenía en un estado bastante border, no decidían si inyectarse en sangre de la bronca o si dejar salir lágrimas de angustia. Yo miraba todo desde la parada del colectivo y no hice nada, ninguno de los que estábamos en la fila hicimos nada. 

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Victoria Sarchi

Providencia

Le pedí. Le pedí a la divina providencia un tiempo extra. Un regalo. Hinqué a mi alma, la puse de rodillas y le rogué con entera franqueza que me diera más tiempo, más momentos, más instantes de esos juntos. Yo, entera, era un enigma emocional sin resolver. Y no podía soportar la incertidumbre de su ausencia. La evolución de las cosas sin su presencia corpórea era una imagen que se hacía insoportable. 

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Victoria Sarchi

Un adiós imposible

No tengo ganas de mirar a nadie, ni de empezar ninguna conversación, ni de cruzar una sonrisa, o un comentario, nada. Quiero que me traten como si fuera invisible, inexistente, como una sombra confusa. Lo que quiero ahora es no importar, que no me tengan pena o piedad, ojalá no estuviera acá. Pero mis deseos no son escuchados y estoy siendo apabullado con abrazos, cacheteado con caricias y ensordecido con sentidos pésames. 

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Victoria Sarchi

Las casas

Mi primera casa no es un recuerdo mío. Es un recuerdo de otros, para ser más exacta es el recuerdo de mi madre, de mi padre y de mi hermana mayor. Todos los que vinimos después, creemos que nos acordamos de algo pero no es verdad. Calle Hipólito Yrigoyen entre Luis Sáenz Peña y Virrey Cevallos. Congreso. De afuera sé cuál es, un edificio rojo, muy rojo, sí, tiene tanto rojo que parece un ladrillo gigante. Está exactamente en la mitad de la cuadra. Y durante muchos años de mi adolescencia le pasé por enfrente sabiendo que ahí empezó todo pero no lo construyo desde adentro. Intento, porque me jacto de que tengo mucha memoria. 

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Victoria Sarchi

El plateado

Las alpargatas azules con suela de arpillera ya están completamente empapadas. El agua salada le sobrepasa los tobillos y sube lenta pero constante a taparle las piernas. La niebla no lo deja ver lejos, lo envuelve entre sus brazos invisibles y en cada respiración lleva humedad a sus pulmones. Varias cosas salieron mal esta mañana. Para empezar el sol apenas se mostró y él confiaba en su presencia para el abrigo. Pero eso no fue lo primero que falló.

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Victoria Sarchi

Minado

Ahora es el momento de tener cuidado, extremo cuidado, pensaba Urriaga mientras, al mismo tiempo, se le caían y congelaban los mocos, justo antes de tocarle los labios. El viento austral, gélido y bravío le cacheteaba la cara una y otra vez, y tan fuerte lo hacía que le ralentizaba las ideas. Había garuado finísimo toda la noche y aunque a los ojos era imperceptible, el agua, lo había embarrado absolutamente todo. Cada paso era una posible caída, los borcegos gastados de Urriaga ya no se aferraban a nada y eso hacía la situación todavía más límite de lo que ya era.

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Victoria Sarchi

¡Shhh!

Ya es mucha ausencia de ruido, por mucho tiempo, por muchos ratos, por muchas horas, minutos, segundos. Ruido quiero, puro ruido, del más básico, sencillo y berreta. Si hasta una chapita de botella cayendo sería suficiente. Algo que inunde, algo que llene, algo que suene luminoso, porque el silencio oscurece, es como un ciego reciente. Y soy un ciego que busca desesperadamente, con las manos temblorosas, el interruptor que enciende la bombita de luz en medio de la oscuridad total pero no la encuentra. No se lo ve al silencio con los ojos, como tampoco se lo puede ver al viento pero igual nos toca, nos roza, nos despeina.

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Victoria Sarchi

Las razones

Dije que a partir de hoy sólo iba a hablar de mí, porque se supone que tengo la potestad absoluta en lo que al tema se refiere (mí, yo) y a juzgar por mis últimos días de vida parece, según lo que escucho, que todo lo que siempre he querido tener ha sido eso: RAZÓN. Para mí gritar un poco, levantar la voz es querer decir más claro pero bueno…. Ya no quiero ser puesta en tela de juicio, entonces acordé, conmigo misma, que sólo voy a referirme a lo que sé.

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