Victoria Sarchi

El humo

Sacate todo hasta quedar vacía, me decía amablemente, pero no me fue tan fácil. Era un manojo de contradicciones y… ¡cómo cansa ser una persona insegura! Es algo extremadamente agotador porque la calma que se siente al tomar “la decisión” aparentemente deseada es efímera, es después un ir y venir, un vaivén angustioso porque esa “paz” obtenida se esfuma cuando aparece la duda y con la duda, otra duda y se empieza a caer en un espiral interminable de vacilaciones hasta que la calma vuelve cuando se sostiene nuevamente una decisión, al menos por un rato, así funciono yo, perdiendo y ganando al mismo tiempo y de a ratos.

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Victoria Sarchi

Rebelión

La insolencia en su mirada era preocupante, se veía el desafío que proponían sus ojos aún estando de espaldas, el sol le volvía el pelo atado en una cola de caballo todavía más dorado y mientras miraba el exterior apoyada en la mesada por la ventana de la cocina, pergeñaba incesantemente como iba a hacer para huir de aquella casa de veraneo que supo ser un paraíso repleto de aventuras al comienzo de la temporada y que ahora se había convertido en un páramo aburrido y carente de atractivo.

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Victoria Sarchi

Tóxico

La sangre tiene efervescencia cuando lo miro, recorre todo con tanto hervor que tengo que cerrar los ojos para no explotar en mil pedazos y quedar desmembrada contra las paredes blancas. Es que creo que ya tengo enfermas hasta las células de tanto desearlo, el citoplasma, la membrana plasmática y creo que hasta las moléculas se desquician porque quieren su adn y rechazan el mío a cada rato, a cada instante, a cada segundo.

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Pecados Capitales, Victoria Sarchi

Soberbia

La boca ya se mueve sin sonido, pierde el hilo de las palabras que de allí salen, pone en mute lo que viene a sus oídos porque se resiste a escuchar, es un mecanismo que le sale en automático cuando tiene un otro enfrente que habla como si ella fuera un ser inanimado, sin sentimientos. Le pasa seguido. La creen más fuerte de lo que realmente es. Es una situación que se repite, como si cualquier persona pudiera decirle a la cara lo que piensa de ella sin importar herirla, con poca piedad, con ausente empatía.

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Victoria Sarchi

Lo sabía

Era el final y yo no lo sabía? Me quedé con un vacío raro pero no había nada fáctico que me hiciera sospechar que no iba a verlo nunca más. Me subí al auto con incertidumbre, a diferencia de otras veces en las que subía repleta de la euforia de un cuerpo satisfecho que había combatido fuertemente toda la noche para recibir y dar placer. Manejaba hasta mi casa sabiendo que algo se había modificado pero no identificaba con exactitud qué era. Por más que presionara para sentirme conforme no podía, había un aire extraño, lejano, angustioso… un aire terminal.

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Victoria Sarchi

Reencuentro

Afuera se deshacía el manto de hojas secas que cubría el porsche de entrada con entera poesía. El viento soplaba tan furioso que hacía volar hasta lo más pesado. Se había desatado un vendaval repentinamente y ahora no había salida, iban a tener que quedarse juntos o separados pero en el mismo espacio por un rato más. Ella cerró los postigos de la ventana de la habitación para que no se golpeen, sus cabellos se enmarañaron al instante, él se rió, ella le devolvió una mueca cómplice. Estaban ambos a medio vestir, las sábanas revueltas eran la evidencia material de lo que habían batallado esos cuerpos hacía apenas unos minutos, justo antes de que allá afuera se precipitara el viento.

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Victoria Sarchi

Adela

Suspiró profundo, todavía estaba en el sopor del sueño, en ese momento en donde no queda claro si se sigue soñando o no. Sentía los ojos abiertos pero aún algo pesados. El sol se colaba por las hendijas de la persiana y resaltaba las partículas de polvo que había en la habitación, cosa que colaboraba con la permanente sensación de ensueño. Había soñado como hacía mucho tiempo no lo hacía y todo estaba tan vívido que se le hacía muy difícil volver a la realidad. Las venas color violáceas que sobresalían del dorso de sus manos, de su blanca cien y pequeñas pantorrillas latían al mismo ritmo que su corazón haciéndole imposible incorporarse de la cama para colocarse sus pantuflas de lana y empezar así su variada rutina de jubilada.

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Victoria Sarchi

Fe en cuestión

Se precipitaba todo, era difícil seguir con mesura la curvatura de sus emociones que fluctuaban cada vez que parecía estar apaciblemente sobre tierra firme. Eso sentía cada mañana al abrir los ojos, una seguridad que se instalaba entera y con aplomo. Claro que de día las situaciones, los sentimientos, las acciones, las decisiones, el porvenir se veían brillantes iluminados por la luz del sol pero a medida que el día avanzaba y se desvanecía lentamente para dar lugar a la oscuridad de la noche todo se volvía borroso, con las líneas corridas, confuso, de repente todo se le teñía de una profunda duda existencial.

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Victoria Sarchi

Siesta y Febrero

Yo miro por la ventana sin saber bien qué mirar y la escucho quejarse de que ya está cansada, harta de que siempre pasen la misma película. ¿Cómo se llama? Dice y de repente eleva su voz ¡El diablo viste a la moda, otra vez, todo el día, pero qué cosa, che!  Ella me mira acostada desde el sillón, el cable ya no es lo que era antes con esto de Netflix, me contesta. Me hace reír, cuando la gente habla muy segura de algo me da gracia. Vuelvo a mirar por la ventana pero sigo sin saber qué mirar, hay un edificio en construcción enfrente, patios y jardines de casas, algunas con piletas, todo se ve lejano desde el piso doce, menos el cielo.

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Victoria Sarchi

La corteza

Su mano agarra con tanta fuerza el tronco del árbol que hace que este pierda poco a poco la corteza. Está en cuclillas, las puntas de los dedos de los pies se mantienen estoicas haciendo equilibrio. En la rama de abajo, Mary, su hermana menor sacude la cabeza y el flequillo largo que le tapa los ojos se mueve veloz hacia un lado y el otro. Shhh, quedate quieta, le dice apenas moviendo los labios. Está atardeciendo, el sol cae lento en el horizonte, se escucha el graznido de los cuervos que también, como las niñas, vuelan ávidos en busca de refugio.

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