Victoria Sarchi

Un adiós imposible

No tengo ganas de mirar a nadie, ni de empezar ninguna conversación, ni de cruzar una sonrisa, o un comentario, nada. Quiero que me traten como si fuera invisible, inexistente, como una sombra confusa. Lo que quiero ahora es no importar, que no me tengan pena o piedad, ojalá no estuviera acá. Pero mis deseos no son escuchados y estoy siendo apabullado con abrazos, cacheteado con caricias y ensordecido con sentidos pésames. 

Seguir leyendo
Standard
Marcela Arza

Rosal esquelético

Abriste la ventana del living y todo se volvió de un naranja melancólico. Un instante de pasado, bajo mis Nikes verde fluorescente. Seguiste para las habitaciones del fondo. Abrías maderas que crujían, luces destellantes, en lo que había sido el Caserón de Caseros. Lo único que había, era el sillón de tres cuerpos cubierto con las frazadas de invierno. Las frazadas de invierno a cuadros en tonos verdes y azules. Las mismas de siempre.  Las usábamos tres meses y las guardábamos en el placard de arriba, como reliquias. Las lavábamos a mano, al sol de la mañana y las guardábamos dobladas y correctas. Las mismas frazadas de invierno de siempre.

Seguir leyendo
Standard
Marcela Inda

Descafeinado

Unos segundos antes de que suene el despertador Eric abrió los dos ojos con obediencia civil, sin pereza. Desactivó la alarma, se puso en pie. Sin hacer el menor ruido, para no molestarla, dejó el lecho y se dirigió al baño. Se higienizó con pericia y tomó su primer antiácido del día, junto con otras píldoras de colores que prometían activar sus sistemas y mantenerlo alerta. Sus prendas planchadas, nuevísimas, lo esperaban en el vestidor. Chequeó: llaves, teléfono, mascarilla. Al pasar junto a la puerta, se desinfectó las manos en el dispenser y salió.

Seguir leyendo
Standard
Marcela Arza

Pésima idea

Te acompaño hasta la esquina. Nos miramos, nos abrazamos corto y fuerte y me decís: te voy a estar esperando. Te aprieto el mentón y te digo que fuiste lo más hermoso del último tiempo. Me doy vuelta y sin mirar atrás, camino apretando la cara para no llorar. Llego al departamento, me cambio y meto la ropa que había dejado secar, en la valija. Reviso el baño, la cocina.

Seguir leyendo
Standard
Marcela Inda

Mareo

A veces la vida te pega un mareo…  No controlamos nada, es así.

Así le pasó, por ejemplo, a la chica Almodóvar que conocí el otro día. (Sí, esas cosas también pasan). Asistí sin pestañear a la función. Fue un espectáculo, como todos los buenos, irrepetible. Un despliegue maravilloso de hipérboles. 

Seguir leyendo
Standard
Victoria Sarchi

Las casas

Mi primera casa no es un recuerdo mío. Es un recuerdo de otros, para ser más exacta es el recuerdo de mi madre, de mi padre y de mi hermana mayor. Todos los que vinimos después, creemos que nos acordamos de algo pero no es verdad. Calle Hipólito Yrigoyen entre Luis Sáenz Peña y Virrey Cevallos. Congreso. De afuera sé cuál es, un edificio rojo, muy rojo, sí, tiene tanto rojo que parece un ladrillo gigante. Está exactamente en la mitad de la cuadra. Y durante muchos años de mi adolescencia le pasé por enfrente sabiendo que ahí empezó todo pero no lo construyo desde adentro. Intento, porque me jacto de que tengo mucha memoria. 

Seguir leyendo
Standard
Marcela Inda

Lo que hago sin darme cuenta

Lo que hago sin darme cuenta

Alguien me dijo: 

-Me encanta escucharte cantar. 

Y me sorprendió. Porque yo no estaba en un escenario, frente a un micrófono o rascando la guitarra en modo fogón. Tampoco estaba bajo la ducha entregada al público invisible de los baños cotidianos. No, nada de eso. Simplemente estaba trabajando, llevando cosas de un lado a otro, en un mecánico ir y venir, vaya a una a saber por dónde iban mis pensamientos. Y se ve que mi voz recorría el lugar con alguna melodía. Sin darme cuenta.

Seguir leyendo
Standard
Victoria Sarchi

El plateado

Las alpargatas azules con suela de arpillera ya están completamente empapadas. El agua salada le sobrepasa los tobillos y sube lenta pero constante a taparle las piernas. La niebla no lo deja ver lejos, lo envuelve entre sus brazos invisibles y en cada respiración lleva humedad a sus pulmones. Varias cosas salieron mal esta mañana. Para empezar el sol apenas se mostró y él confiaba en su presencia para el abrigo. Pero eso no fue lo primero que falló.

Seguir leyendo
Standard
Marcela Arza

Detalle

Ya se habían ido todos. El eco del bullicio seguía como constante a pesar de la casa vacía. Le pregunte si quería café, y apenas hizo gesto y se desplomó en la silla, con el cansancio de una vida entera. No podía decirle nada. El nudo en la garganta asesina los tímpanos, cuando no hay más nada que hacer, que solo tomar un café. Me senté al lado de ella, le agregue dos de azúcar y prendí un pucho. Había algunos vasos sobre el modular, marcado de un labial violeta. No recordaba quién había estado con ese color en la boca. Tampoco recordaba bien, quién había estado. Como que el día había pasado, da igual si latimos o no. 

Seguir leyendo
Standard