Victoria Sarchi

Esquivo

Hay un no sé qué en esa mirada que no me gusta. Algo esquivo, algo inquieto, algo que no llego a ver pero que está, que subyace, algo que intuyo que pronto se va a hacer carne. Lo miro mientras recorre la habitación desabrochando su camisa y deja desnudo ante mis ojos su torso fibroso. Me acercaría, porque siempre me atrae su piel al aire libre, pero hay una barrera invisible que me contiene. ¿Todo bien? pregunto lo más casual que me sale, , responde apenas moviendo los labios.

Nada. No puedo darme cuenta de nada con esa corta respuesta. ¿Te vas a bañar? insisto, a ver si logro generar conversación, , es todo lo que vuelve a decirme. Mi pregunta no fue muy elocuente, muy generadora de nada, entonces apuesto a más y le digo: ¿Queres que te acompañe?, me mira, lo miro, me sonrío, Estoy apurado, responde mientras se da vuelta sentándose en la cama para sacarse las medias. Mi sospecha empieza a inundar la habitación. Algo le pasa y no me está dando pistas de lo que puede ser. Me empiezo a sentir rara, me empieza a molestar el silencio, quiero llenar con palabras el vacío que empieza a gestarse pero me contengo porque lo único que quiere salir de mis adentros es enojo. Entró apasionado, tanto que ni siquiera llegó a sacarse la ropa, así como llegó se abalanzó sobre mí, me besó, me tocó, me desvistió y me penetró por un rato, no duró mucho, supuse que porque había muchas ganas pero ahora con esta distancia empiezo a creer que no fue más largo porque no le interesó que así lo fuera, que vino a más que eso, a algo más contundente que el darnos placer el uno al otro… ¿Ya está? pregunto mostrando algo de indignación, sin darse vuelta siquiera me repite de nuevo que está apurado.

¿Vos me hiciste venir para esto? ahora si me mira, se nota que no sabe qué responder, que no le gusta mi pregunta, pero es la única que se me ocurre para cortar con el mudismo que lo tiene tomado desde que acabó. No dice nada. ¿En serio te lo digo? presiono, ahora se que no voy a parar hasta que diga algo, algo real, algo que no sea una mentira tan estúpida como la que está apurado. ¡No hace ni una hora que estamos acá y ya te querés ir! su mirada esquiva me dan ganas de matar, me mira como si le estuviera hablando en otra lengua, ¿Qué pasa? le digo levantando la voz. Nada, contesta con los ojos llorosos, esquivos, otra vez esquivos y entonces en vez de enternecerme me enfurece, me levanto de la cama y empiezo a buscar a mi ropa que está desparramada por toda la habitación del telo, las lágrimas que lloro son de bronca, son contra mí por haberme prestado a este juego confuso. Él se queda inmóvil en el borde de la cama, no me mira, no tiene el coraje de mirarme y de decirme que no vamos a vernos más. Casi dejo a mi marido por vos, le digo mientras abro la puerta y junto todas mis fuerzas para dar el portazo más estruendoso de toda mi vida. Lo doy, y suena fuerte por el pasillo.

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